حُمُّص بطحينة

Una de mis recetas favoritas es el hummus, tanto por lo fácil que resulta  prepararlo como por lo increíblemente bueno que está. Pero no voy a poner aquí la receta, para eso hay cientos de blogs gastronómicos donde lo explican perfectamente.

Me interesa conocer su historia, aunque desgraciadamente apenas existe información al respecto ya que la mayoría de blogs únicamente explican la receta o como mucho aportan algunos rasgos de su historia o alguna curiosidad. Pues bien, como no he encontrado ningún blog que lo explique decentemente voy a recopilar en esta entrada toda la información que he encontrado en la red tras una intensa búsqueda. Cabe decir que gran parte de esta información la he podido encontrar en inglés, ya que al igual que ocurre con otros temas, la información en castellano es escasa. Pues bien, aquí tenéis una recopilación decente sobre el hummus en la lengua de Cervantes. Especialmente recomendada para aquellos que huyen como bellacos de esa lengua impía anglosajona.

Por lo tanto, ahora sí, aquí comienza “Todo lo que siempre quisiste saber sobre el hummus pero nunca te atreviste a preguntar“.

Es un plato de origen árabe, en cuya lengua significa garbanzo. Normalmente en los paises árabes le llaman “hummus wa tahina“, que en árabe es representado como حُمُّص بطحينة (ḥummuṣ bi ṭaḥīna).

El Hummus, o Hommos, es una crema de garbanzos que se come en todo Oriente Medio, sobre todo en Líbano, donde aparece en escritos antiquísimos, tanto que incluso se duda sobre si el origen de esta legumbre se pudiera situar en esta región. A España los garbanzos los trajo Asdrúbal y es el único país en que conservan la etimología prerromana, quizás hindoeuropea, de “arbanço“, posteriormente arabizada con la letra “G”.

Es un plato muy popular a lo largo de todo Oriente Medio, incluido Israel, Libano, Palestina, Turquía, Grecia, Siria, Armenia y Chipre, aunque el hummus que se consume en Grecia es bastante distinto del que se encuentra en el mundo árabe y en Israel. En la cocina árabe se preparan distintas recetas de humus con piñones, con vinagre, con nueces.  Algunas más suaves y otras  más picantes. Normalmente es frecuente servir este plato en el desayuno.

Realmente más que un plato es una de las salsas más tradicionales de la cocina egipcia, si bien muchos lo consumen como plato (así figura también en los restaurantes) nació originariamente siendo una salsa. Es considerado como un plato humilde a pesar de todos los beneficios que nos aporta. Resulta muy nutritivo, no contiene colesterol ni azúcares, por tanto, bajo en grasas saturadas. Además es rico en fibra y proteínas, y proporciona vitamina C procedente del garbanzo y del zumo del limón. Es un plato muy empleado en las cocinas vegetarianas y veganas.

Se puede comer con su acompañamiento tradicional, el pan árabe, o pita (calentado un poco y cortado en cuartos), pero también queda bien con totopos (los chips de tortilla mexicana como los Doritos) o, la opción sana, con crudités (cualquier verdura crujiente como zanahoria, apio, pimiento o hinojo).

Según cómo te guste la textura, se puede triturar a mano, con la batidora o con un robot de cocina, según queramos que tenga algunos trocitos o que posea una textura especialmente fina gracias al trabajo de los robots de cocina.

En un blog encontré un truco que según la autora del mismo, le daba un toque muy especial por lo que todos sus amigos coincidían en que era el mejor hummus que habían probado. Consiste en añadir una cucharada de yogur natural. Será cuestión de probarlo.

Muchos relatos antiguos de gastronomía describen el hummus como una comida muy antigua, conectada incluso con figuras históricas como Saladino. De hecho, sus ingredientes han sido utilizados durante milenios, sin embargo no existen claras evidencias de cuándo surgió el hummus. Aunque los garbanzos se han utilizado desde tiempos remotos, un puré de garbanzos con tahina que se come frío no aparece antes del período del Califato Abasí de El Cairo (transcurrió entre los años 1261–1517, sustituyendo al Califato Abasí de Bagdad).

Las primeras evidencias de una receta similar al hummus datan del s. XIII en Egipto. Era un puré frío de garbanzos con vinagre y limón con hierbas, especias y aceite, pero sin ajo ni tahina. Data de esa misma época el conocido como “hummus kasa“, el puré de garbanzos que añadía tahina, mezclado con vinagre en vez de limón, e igualmente sin ajo. La documentación más reciente del hummus lo ubica ya en el s. XIX, en Damasco.

Paradójicamente el hummus es uno de los platos más importantes tanto para los palestinos como para los israelís.

Los palestinos a menudo lo sirven caliente. Todos los ingredientes del hummus se encuentran fácilmente en los jardines, granjas y mercados palestinos, por lo que dada su gran disponibilidad se convirtió en un plato muy popular. En Palestina, el hummus normalmente se decora con aceite de oliva, menta, pimentón, perejil o comino. Una variante muy popular en la región de Palestina y en Jordania es “laban ma’ hummus” (yogur y hummus), en la cual utilizan yogur en vez de tahina y mantequilla en vez de aceite de oliva. Generalmente lo sirven con pan de pita.

Igualmente para los israelís forma parte de su comida diaria. Ellos han elevado el hummus al rango de “símbolo de la gastronomía nacional”, consumiendo 2 veces más hummus que sus vecinos árabes.

De hecho, Gil Hovav, un redactor de comida israelí entrevistado en el programa de la BBC “Cooking in the Danger Zone“, explicó que incluso durante los años de la intifada, los judíos acudían con mucho cuidado al distrito musulmán de Jerusalén para obtener un genuino hummus, y es que pese a que allí muchos consideran al hummus una comida israelí, realmente es árabe. Sin embargo comenta que al igual que ocurre con la comida iraquí, egipcia, siria o yemení de Israel, fue llevada por los inmigrantes judíos que llegaron de esos países a Israel, llevando con ellos sus costumbres y su gastronomía, de ahí la posible tradición de muchas de sus recetas.

Muchos restaurantes administrados por judíos o por ciudadanos árabes de Israel sirven el hummus caliente, el cual debe ser servido con los garbanzos suavizados con bicarbonato junto con ajo, aceite de oliva, comino y tahina. Uno de los hummus más típicos en Israel es el “hummus masabacha“, aderezado con garbanzos enteros, con pimentón espolvoreado y un poco de aceite de oliva. En Israel el hummus se ofrece en restaurantes, supermercados e incluso tiendras de sólo hummus (conocidas en hebreo como “humusiot“).

En octubre de 2008 la Asociación de Empresarios Libaneses pidió al Ministerio Libanés de Economía que estableciera un estatus de protección de la Comisión Europea al hummus como comida única y singular libanesa, algo similar a las peticiones que se han llevado a cabo por parte de países de la Unión Europea hacia comidas regionales. A este respecto, Fadi Abboud, presidente de la asociación, comentó: “los israelíes han usurpado varias productos libaneses y orientales“. Según Abboud, Líbano exportó el primer hummus en 1959. Como respuesta, la crítica de gastronomía Janna Gur escribió: “El éxito de marcas de hummus israelíes fuera del país explica el enfado de Abboud“, el cual reivindica que Israel ha robado los platos tradicionales libaneses, como el hummus, el falafel, el tabule o el baba ghanoush. Por contra, Shooki Galili, periodista israelí especializada en gastronomía y la cual posee un blog dedicado íntegramente al hummus (http://humus101.com/EN/) afirma: “intentar establecer un copyright al hummus es como clamar por los derechos del pan o del vino. El hummus ha sido una comida árabe durante siglos, y nadie la posee, pertenece a la región“.

Actualmente existe una notable controversia a este respecto. Así se manifiesta en la “guerra del Hummus” que está llevándose a cabo entre Líbano e Israel, la cual se relata en el blog comentado anteriormente, http://humus101.com/EN/, muy recomendable de leer especialmente para los forofos de esta receta.

Esta guerra se manifiesta a través de los Récords Guiness que se están sucediendo respecto al hummus más grande del mundo. En octubre de 2009, en Beirut se estableció el récord mundial, como se puede ver en el siguiente vídeo:

Aunque poco más tarde fue superado por Israel, concretamente en enero de 2010 en la ciudad israelí de Abu Ghosh.

Sin embargo, y tal como era de esperar, ha sido de nuevo superado por Líbano, en mayo de 2010. Fue preparado por 300 cocineros de la ciudad de Al-Fanar, cercana a Beirut. Pesó 10.452 Kg, más del doble del récord anterior de Abu Ghosh. Las cantidades utilizadas fueron de 8 toneladas de garbanzos hervidos, 2 toneladas de tahina, 2 toneladas de zumo de limón y 70 litros de aceite de oliva.

Por último y para finalizar un pequeño recopilatorio de imágenes obtenidas de numerosas páginas web con diferentes maneras de servir el hummus.

Un par de curiosidades finales, humus en un bote estilo mayonesa y hummus para dipear con los Doritos.

Y no podía faltar la manera estándar de presentación que utilizo cuando yo lo preparo. Y paro ya, que me están entrando ahora mismo unas ganas de hummus…..

Un nuevo día

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Amanece, chasquido de látigos, gritos de bárbaros.

Desde retaguardia gritan: ¡AVANZAD!
Desde vanguardia gritan: ¡ATRÁS!

300

Cada día transcurre lentamente. No hay tiempo para aburrirse, la agenda marca en cada momento del día lo que hay que hacer. Una cosa después de la otra. Ése era el día a día durante este pasado curso.

Desde el día en que decidí emprender ese rumbo y llevar ese tipo de vida con una agenda tan apretada, sabía que sería difícil llevarlo. Sin embargo después de meditarlo durante mucho tiempo, estaba totalmente convencido de seguir adelante. Y ya se sabe que palos con gusto no duelen así que lejos de quejarme, le fuí cogiendo el gustillo a esto. Puede parecer una locura pero tiene su explicación.

Hay gente que es adicta al riesgo, disfrutando de la sensación continua de liberación de adrenalina. Hay otra gente que es adicta al estrés, ante lo cual hay una postura científica oficial. Los expertos afirman que el estrés altera determinadas sustancias de nuestro cerebro produciendo una adicción semejante a la que se produce con el consumo de la cocaína. Llevado al extremo, el estrés crónico induce a cambios químicos que sensibilizan en exceso el cerebro, causando síntomas similares a la adicción a las drogas.

No creo identificarme como un adicto al estrés, pero resulta inquietante que esa conducta sea comparada a la de un drogodependiente. No obstante, gran parte de culpa del gustillo que se le coje a esta situación lo tiene la satisfacción del trabajo bien hecho, algo que va creciendo según veo que las cosas van saliendo adelante, según compruebo que sí que se puede llevar todo a la vez.

Este curso sin embargo todo ha cambiado. Al igual que Guardiola dejó atrás ya la liga de los (casi) 100 puntos, yo finiquité el curso de los (más) de 100 créditos. Ahora ya tengo un horario más parecido al común de los mortales, con sus huecos entre clases y su tiempo para aburrirse. Pero ahora sí que me lo he ganado.

R · E · L · A · X

Nuevos tiempos, nuevos métodos

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Tengo una gran idea sobre un nuevo método de evaluación absolutamente novedoso que revolucionará la enseñanza universitaria. Es lo último en docencia, acorde a estos tiempos donde prevalece la cultura de lo postmoderno. Ya se han quedado atrás esos lustros en los que esos magnánimes catedráticos daban sus clases magistrales que siempre resultaron tan tediosas. Ya han pasado esos tiempos en los que la clase se convertía en un monólogo absoluto, en las cuales el alumno apenas podía realizar alguna pregunta. Ahora todo será diferente.

Hoy día se lleva lo participativo, lo innovador, donde premia la constancia y el esfuerzo del alumno. Ese alumno que debe acostumbrarse a realizar exposiciones, a hablar, a ser un agente activo de la clase. ¿Qué es eso de estar todo el día ahí sentado sin decir nada?

Por lo tanto, elaboraré diferentes grupos en clase, y cada grupo se encargará de realizar la exposición de cada tema. Cada exposición debe tener una duración de, digamos, toda la clase, ya sea ésta de una hora y media o de tres. Esto es evidente, no sea que la exposición dure poco y me quede yo el resto de la clase sin saber qué decir ni explicar. Por supuesto esto resulta muy interactivo y muy llevadero, no obstante desearía no cansar en demasía al personal, quiero decir, si todas las clases fueran exposiciones de alumnos quizás sería muy descarado, por lo tanto tengo que intercalar otro tipo de clases muy diferentes. Obviamente no quiero cansarme mucho, así que descarto eso de tener que explicar algo cada pocas semanas y lo sustituyo por clases que pasaré a denominar “prácticas” en las que se verá una película o documental que ilustrará perfectamente el tema por el que vayamos, así de paso puedo camuflar mi incapacidad para dar una clase en condiciones.

Yo soy muy cool y con este método me gano a los alumnos porque les quito el tan temido examen. Y de paso me evito tener que corregirlos, aunque eso es lo de menos, ya que por supuesto lo importante es que el alumno aprenda, con o sin examen. Además yo tengo un buen rollo de la leche con los alumnos porque les dejo entrar y salir del aula cuando quieran ya que a mi no me molestan, como mucho crearán alguna molestia al pardillo que esté en ese momento realizando la exposición, pero eso es lo de menos. Qué cabrones son esos profesores tan rigurosos….

Con este método todos salimos ganando, pero no creáis, para mí resulta sacrificado ya que pesar de tener suficiente tiempo libre durante todo el cuatrimestre como para rascarme las pelotas a dos manos tanto en clase como en casa, el primer tema lo tengo que explicar yo. Es una putada eso de no poder poner a los alumnos el segundo día de clase (el primero no cuenta pues son las presentaciones) a explicar el tema 1 mediante una exposición: por lo tanto seré yo quien lo explique. Eso sí, después ya tendrán suficiente tiempo esos insensatos para prepararse sus presentaciones, ya no habrá excusas. Luego si eso debatiremos algo sobre las pelis que veamos, pero que se molesten ellos en hablar, no sea que yo les contamine con mis ideas.

Mucho se criticado el modelo tradicional universitario, sin embargo estas alternativas no las veo yo muy convincentes. Una cosa es huir de las clases magistrales en pro de un mayor esfuerzo del alumno, donde se fomente su creatividad y su capacidad crítica. Otra cosa muy diferente es escudarse en esta crítica a la enseñanza tradicional para inventarme un sistema en el que básicamente me toco las pelotas como profesor y donde las enseñanzas que extraen los alumnos de mis clases son mínimas. Porque nadie en su sano juicio esperaría aprender demasiado únicamente preparándose un tema y escuchando el resto a través de las exposiciones de sus compañeros…..

Pero bueno que incauto soy, incluso espero que los alumnos aprendan algo. Total, antes tan sólo estudiaban para el examen y luego lo vomitaban todo por lo que a los pocos días ya estaba todo olvidado. Así que….¿de qué se van a quejar ahora? Si su formación integral nunca ha sido lo más importante, así como de paso la mía tampoco lo debería ser, porque para dar clases así no hace falta tener carrera, no hace falta ni haber estudiado, es más incluso un bonobo podría hacerlo mejor.

Y para ver pelis lo puedo hacer en casa, gracias.

Eso sí con palomitas, por favor.

A la caza del rayo

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Hace un rato estaba sentado en el sofá viendo una película sobre la cual tenía que hacer una crítica de carácter antropológico. Estaba ya acabando dicha película cuando de repente he empezado a ver relámpagos en la ventana, seguido de fuertes truenos. Se avecinaba una fuerte tormenta, así que he aprovechado para apagar la tele y venirme a la habitación a disfrutarla. Normalmente cuando empieza una tormenta la gente empieza a cerrar las ventanas y bajar las persianas, así que en medio de todo este ruido el único que subía del todo la persiana era yo: y es que no hay nada mejor que disfrutar de una buena tormenta sentado o tumbado al lado de la ventana.

A mucha gente les dan miedo, sin embargo a mi me producen verdadero asombro. Así que como tal, para disfrutar de ellas hay que contemplarlas y para ello no hay nada mejor que estar detrás de una ventana o tumbado en la cama tranquilamente.
La tormenta estaba realmente próxima, así que después de ver increíbles rayos desde muy cerca se me ha ocurrido cojer la cámara de fotos a ver si podía capturar alguno. Como observador de nubes que soy llevo años retratando todo tipo de nubes, sin embargo son muchas las tormentas que he visto pero ninguna la que he intentado capturar a través de mi pequeña cámara. Las nubes son muy cambiantes e inestables, pero cuando veo una de indudable belleza y tengo mi cámara a mano no cuesta nada sacarle una bonita captura. Con las tormentas resulta mucho más complicado, los rayos apenas duran décimas de segundo así que la dificultad que entraña poder capturarlos es máxima.

Así que me he puesto manos a la obra, cámara en mano y fijando el objetivo en dirección a la tormenta, sólo quedaba esperar. Me sentía como un francotirador con el dedo en el gatillo y el ojo en la mira telescópica, esperando que apareciera su víctima. El relámpago era la señal que advertía la aparición del rayo, así que era la señal para disparar. Después hay que comprobar si se ha tenido suerte y se ha capturado el rayo, algo bastante difícil por muchas causas. Primero, la tormenta suele abarcar una distancia amplia, por lo que el rayo tiene que pasar justo en la zona que estás enfocando y no otra. Segundo, cuando lo ves, por muy rápido que dispares será ya casi imposible capturarlo. Tercero, si cuando disparas coincide con el máximo esplendor del relámpago, la foto aparecerá excesivamente sobreexpuesta.

Tras muchos intentos, al final parece que ha habido algo de éxito. La tormenta no ha durado mucho, sin embargo el número de rayos sí que ha sido considerable. El botín ha sido el siguiente:

La verdad no está nada mal para ser mi primera vez retratando tormentas. Si a alguno os gusta especialmente este tipo de fenómenos atmosféricos, no dudéis en hacerlo. Por lo demás, hasta el momento mi experiencia con las nubes ha sido muy placentera, asi que posiblemente haya futuros post sobre ello. El mundo precisa de más observadores de nubes, así que arriba los cielos nubosos, abajo los aburridos y monótonos cielos azules despejados. ¡Lucharemos siempre contra la preferencia por los cielos azules!

En palabras de Pretor-Pinney, “nada en la naturaleza puede competir con la variedad y el dramatismo de las nubes; nada está a la altura de su belleza sublime y efímera”.

El cierre del círculo hermenéutico

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Al fin, llegó el momento. La última nota fue subida al expediente, y con ese gesto quedó finiquitada esta licenciatura y con ello un período, quizás el más importante, de mi experiencia vital. Generalmente la gente que acaba una carrera afirma que es la mejor etapa por la que pasan y que al final acaba echándose mucho de menos. Yo probablemente coincida con estas opiniones, pues reconozco que mi paso por la universidad ha sido clave en mi vida, posibilitándome no sólo una salida profesional sino un enriquecimiento personal e intelectual a todos los niveles.

Recuerdo hace 5 años cuando comencé la carrera, cargado hasta las cejas de ilusiones y deseos por cumplir, y con ansias de mucho por demostrar ante lo que yo me tomé como una segunda oportunidad para el estudio. Me sentí muy cómodo en esta universidad, realizando incluso actividades deportivas o asignaturas de otras carreras por las tardes, y gran parte de culpa de esta sensación de bienestar fue un expediente extremadamente cuidado desde el primer curso ya que es imposible estar cómodo y disfrutando de todo lo que puede ofrecer la universidad si las notas no acompañan.

Una vez acabado se intenta ver la situación con perspectiva, y a pesar de llegar ya muy desgastado hasta el quinto año con probablemente ya todos los deseos cumplidos y con unas asignaturas que te das cuenta que son prácticamente incapaces de mostrar nada nuevo, es difícil acabar motivado y con entusiasmo, por supuesto con un entusiasmo que vaya más allá del suscitado por acabar satisfactoriamente esta etapa. Este sentimiento de agotamiento por parte de una carrera que ya no ofrece más y la sensación de falta de motivación general es compartida por todos mis compañeros: está claro que estos cinco años se han hecho largos.

Con las valoraciones finales uno se queda con sensaciones buenas y sensaciones malas, profesores que sé que estarán ahí para lo que necesite y los cuales han mostrado bastante interés por mi trayectoria universitaria y denotan ilusión y entusiasmo por mis perspectivas futuras, y otros (una minoría a mi juicio) los cuales no sólo no se han mostrado dispuestos a ayudar en lo necesario sino que considero que su actitud ha sido un obstáculo más allá de su propio proceso de evaluación.

No obstante esto no es lo generalizado, ya que me ha sorprendido muy gratamente la actitud completamente abierta, de ayuda y de buena predisposición de una gran cantidad de profesorado muy competente, tanto a nivel académico como a nivel personal. Quizás por ello uno se lleva un mayor palo cuando se encuentra a alguien que lejos de mostrar esas competencias, denota un criterio muy cuestionable y una actitud hostil ante cualquier consulta o acercamiento. Mas allá de valorar los criterios personales de evaluación de cada profesorado, lo cual sería quizás bastante interesante pero se saldría fuera de las valoraciones que quiero hacer aquí, resulta más preocupante la actitud que muestran cuando se les solicita o se habla personalmente con ellos, viéndose refrendado por los hechos o las justificaciones que en ocasiones han realizado ante estas situaciones.

Muchas quejas he conocido por parte de alumnado que no poniendo prácticamente nada de su parte, culpan de todos sus males al profesorado. Nada más lejos de la realidad, por propia experiencia afirmo que dándolo todo en cada asignatura, a la par que teniendo una actitud abierta y educada hacia la asignatura y hacia el profesor, recibes una predisposición totalmente abierta por parte del evaluador donde en ocasiones incluso sorprende la educación y cercanía que muestra hacia el alumnado. Por ello cuando no se encuentra esta disposición en algunos casos, me lleva a pensar que el problema está en la personalidad y la actitud, y no en el modo de evaluación en el que algunos docentes se escudan. A este efecto no son sólo importantes las palabras sino los hechos, donde la mayor parte de las veces se manifiestan las características antes mencionadas.

En suma, las valoraciones de esta etapa son muy amplias a la par que muy matizadas en numerosas cuestiones. Se ha acabado la licenciatura, aunque en mi caso aún no he acabado con mi etapa de estudiante. El futuro se abre a mis pies, ahora tan sólo hay que tener la valentía de recorrer el camino.

Prueba de vida

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A pesar que hace meses que no aparezco por aquí, conviene decir que sigo vivo y no he abandonado esto. De vez en cuando se me ocurren temas interesantes a los cuales podría hacer referencia en alguna entrada, sin embargo luego estas ideas no llegan a materializarse.

El escaso tiempo libre que tengo no me deja otra alternativa. Cuando se va muy agobiado durante un período prolongado de tiempo y en ocasiones se dispone de algo de tiempo libre, siempre se prefiere descansar y no hacer nada.

Después de todo este período me siento mentalmente muy agotado y con mis niveles de concentración bajo mínimos. Miro continuamente de reojo cuanto queda para que lleguen los exámenes y pueda llegar el tan ansiado verano, en el que poder desconectar finalmente. Este año la Semana Santa cae demasiado tarde, por lo que a la vuelta, faltará menos de un mes para finalizar las clases y entrar en el “sprint final”. Pensándolo así, ya se empieza a ver esto cuesta abajo y casi da lástima que se acabe (este año finiquito ya una licenciatura).

Ánimo, ya falta poco para el verano.

Miri it is

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Hacía poco tiempo que habíamos llegado aunque ya estábamos sentados. El ordenador estaba encendido así que tras meter el cd, empezó a sonar la canción “Miri it is” de Dufay Collective (en www.dufay.com se puede escuchar un sample). La escuchamos varias veces, mientras él daba vueltas sin decir nada. Todos estábamos en silencio, tan sólo sonaba la misma canción una y otra vez. Desde que había entrado no se había oído ni un simple “hola” hasta que, tras haber escuchado dicha canción suficientes veces, y tras nuestras miradas extrañadas pensando a qué venía aquello, comenzaron las preguntas. O mejor dicho la pregunta, que saltaba de un compañero a otro.

“Tú. ¿En qué estabas pensando mientras sonaba la canción?”

Tras respuestas poco esclarecedoras, la siguiente pregunta era evidente. “¿Por qué pensáis que la he puesto?”

La canción era un tanto ininteligible, y la verdad es que nadie tenía ni idea de porqué venía aquello.

La respuesta resultó ser igual de sorprendente. “El esfuerzo por comprender imposibilita que se disfrute de la melodía. Intentáis deducir que dice o en qué idioma está, y sin embargo no puede entenderse de primeras. No hay que utilizar sólo los medios de la razón, no hay que intentar entenderla, tan sólo disfrutarla”.

Y así ocurre muchas veces en la vida.

 

Full time

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Al final, y como no podía ser de otra manera, había llegado el momento de tomar la decisión. Ya llevaba mucho tiempo meditándola y sopesando los pros y los contras, que eran muy numerosos en ambos casos. Dependiendo del día, era capaz de decidirme por una postura, y al dia siguiente, inclinarme por la opuesta. Tal era la dificultad que tras meditarlo durante prácticamente todo el verano, decidí dejar la decisión final para los últimos días del plazo establecido, intentado apurar mis posibilidades.

Por suerte o por desgracia, ha prevalecido la valentía y como tenía que dejarlo zanjado antes de mi partida hacia Toronto, una mañana me dirigí a la universidad, decidido a apuntarme a antropología. Es altamente probable que sea el último año que se imparta el 2º ciclo como tal antes de la implantación del grado, lo cual condicionaba notablemente mi decisión. De hecho se han implantado este año en numerosas universidades españolas, por no decir prácticamente en todas. Muy pocas carreras han resistido un año más el empuje de los grados, y se pueden contar con los dedos de una mano las universidades que han mantenido alguna carrera libre de transgénicos grados, cual irreductibles galos resistiendo ante el invasor. Este es uno de los casos que  me acontecía, por lo que ya no se trata de que pueda sacar la carrera en 2 años en vez de los 4 años del futuro grado, lo que estaba en juego era la posibilidad de estudiar antropología, ya que en ningún momento se me pasaría por la cabeza en el futuro apuntarme al grado. Podriamos decir que se trataba de ahora o nunca. Como no podía privarme de la satisfacción intelectual de aprender antropología, prevaleció sobre las demás variables y a pesar de estar en 5º de Geografía e ir a clase por las mañanas, completé la locura llenando todo mi horario con las clases de 4º de Antropología por las tardes.

Llevar dos carreras a la vez es un reto muy duro, pero estimulante. No podré arrepentirme ya que la decisión no ha sido repentina, sino que ha madurado durante mucho tiempo así que en los momentos más difíciles solo quedará apretar los dientes y darlo todo ya que lo más importante ya lo tengo, y es básicamente estar mentalizado de a lo que voy. Sólo estando preparado para lo peor podré enfrentarme a cualquier situación.

Buscando más preguntas que respuestas

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Cuando llegué por primera vez al IPE todo era nuevo para mí. No conocía nada del grupo, ni tenía idea de como se trabajaría in situ, tan sólo venía atraído por un nombre de proyecto que despertaba en mí un interés especial. Estaba sumido en un mar de dudas. Aparte de las relativas a aspectos técnicos o conceptos relacionados con las temáticas de trabajo, una de las cosas que más interés me suscitaba era conocer más a fondo a toda la gente de los distintos grupos, esto es, que habian estudiado, cómo habían llegado hasta allí y que era lo que les motivaba para seguir alli.

Supongo que esto me sirve para hacerme una idea de donde estoy, y de paso plantearme las inquietudes de cada uno y ver en qué punto puedo encajar yo, de cara a una futura estancia allí o con la posibilidad de hacer la tesis con el grupo. Más que encajar yo creo que intento ver si aquello es realmente lo que me gusta hacer. Y ante la indecisión de qué hacer con mi vida en el futuro, resulta divertido saber cómo le ha ido a cada uno antes de llegar allí y ver sus perspectivas de futuro, y sólo hay una manera de saberlo: preguntando. Así que a partir de ese momento ví a cada persona como una potencial fuente de ingente cantidad de información que me podía resultar útil. Siendo prudente para no parecer de la Gestapo y convertir cada conversación en un interrogatorio, poco a poco he ido intercambiando inquietudes con muchos compañeros, haciéndome un poco más a la idea de cómo es el mundo de la investigación del cual se sabe muy poco fuera de dichos círculos.

Me complacía saber que yo también despertaba cierta curiosidad ante las múltiples preguntas que me hacían muchos compañeros los primeros días, desde la típica: “¿Qué eres, biólogo o geólogo?” a otras que tenian más que ver con la posibilidad de hacer la tesis allí o cómo me había enterado de esta beca.

Cuando uno sabe lo que le gusta y sabe en qué quiere trabajar, lo tiene fácil: a darlo todo y a luchar para obtener ese puesto. Cuando uno más o menos sabe lo que le gusta pero ni se hace a la idea de donde quiere trabajar ni las posibilidades que ha ido tanteando le satisfacen, si quiere ser feliz no le queda otra que seguir buscando. Cuando uno no sabe lo que le gusta y no tiene ni idea de que hacer, y está a la espera de lo que venga, simplemente está jodido.Yo me reconozco entre los del segundo grupo, y en cierta manera admiro a los del primero por sus claridad de ideas y por su lucha para cumplir sus objetivos.  Sin embargo el segundo grupo ofrece multitud de retos y aventuras, y me guste o no, estoy metido hasta el cuello en él.

Cada vez voy teniendo más claro que mi lucha no tiene un objetivo claro como puede ser un determinado puesto de trabajo o una determinada profesión. El tiempo me está confirmando que mi lucha se centra en simplemente mantenerme en este camino. Cada vez más me doy cuenta que no me ilusiona tener un determinado trabajo o llegar a un determinado puesto, sino más bien disfrutar con el camino. Sólo así la inestabilidad pasa de ser una fuente de preocupaciones a ser el pilar de mis satisfacciones.

Hogar, dulce hogar

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Aún estoy metido de lleno en los exámenes finales, y sin embargo como ya empieza a ser costumbre, dedico más tiempo a pensar cómo será el futuro que a las preocupaciones que tengo más inmediatas (que no pasan por el mundial de Sudáfrica precisamente). Y es que cuando uno depende de becas, donde tienes que establecer fechas de comienzo y final muchos meses antes de poder disfrutarlas, no queda otro remedio que ser ordenado y planificar con tranquilidad ese futuro donde la mayoría de las veces resulta complicado dar cabida a todo lo que se tiene en la cabeza.

Me han concedido la beca del CSIC, asi que en algo más de un par de semanas me incorporaré al Instituto Pirenaico de Ecología con la investigación relativa al cambio climático. También me han concedido la beca de idiomas, y debido a que no me queda más tiempo en este verano no tendré más remedio que disfrutarla en octubre, ya que en septiembre tampoco puedo darle cabida. Y las preocupaciones de rellenar papeleo, hacer trámites, buscar fechas, transportes, en algunas ocasiones piso….desgraciadamente llegan en los momentos en los que uno está más liado con prácticas y exámenes finales.

Ya me ha tocado empezar a recoger todas mis cosas del piso actual en Granada, porque en pocas semanas me incorporo a la investigación del CSIC en Zaragoza. Cuando uno cambia tantas veces de domicilio y de ciudad ya no sabe cuál es su hogar, sin embargo sé que en Granada siempre tendré un hogar, pues podría afirmar que es la ciudad en la que más cómodo me he sentido y que actualmente me resisto a abandonar. Sin embargo ya tengo que pensar en buscar piso en Zaragoza, y cuando acabe el verano, quién sabe donde tendré mi residencia “habitual”.

Continúo con mi andadura aprendiendo mucho por el camino, y sé que Granada ha establecido un antes y un después. Ahora mismo sé que debo pensar en mi futuro más inmediato que pasa por acabar la carrera el curso que viene en Alicante, pero sabiendo que he encontrado uno de esos sitios que sabe apreciar todo viajero, quién sabe si será mi destino final, acercándome más a esa meta que de manera incansable continúo buscando.

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