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Cuando llegué por primera vez al IPE todo era nuevo para mí. No conocía nada del grupo, ni tenía idea de como se trabajaría in situ, tan sólo venía atraído por un nombre de proyecto que despertaba en mí un interés especial. Estaba sumido en un mar de dudas. Aparte de las relativas a aspectos técnicos o conceptos relacionados con las temáticas de trabajo, una de las cosas que más interés me suscitaba era conocer más a fondo a toda la gente de los distintos grupos, esto es, que habian estudiado, cómo habían llegado hasta allí y que era lo que les motivaba para seguir alli.

Supongo que esto me sirve para hacerme una idea de donde estoy, y de paso plantearme las inquietudes de cada uno y ver en qué punto puedo encajar yo, de cara a una futura estancia allí o con la posibilidad de hacer la tesis con el grupo. Más que encajar yo creo que intento ver si aquello es realmente lo que me gusta hacer. Y ante la indecisión de qué hacer con mi vida en el futuro, resulta divertido saber cómo le ha ido a cada uno antes de llegar allí y ver sus perspectivas de futuro, y sólo hay una manera de saberlo: preguntando. Así que a partir de ese momento ví a cada persona como una potencial fuente de ingente cantidad de información que me podía resultar útil. Siendo prudente para no parecer de la Gestapo y convertir cada conversación en un interrogatorio, poco a poco he ido intercambiando inquietudes con muchos compañeros, haciéndome un poco más a la idea de cómo es el mundo de la investigación del cual se sabe muy poco fuera de dichos círculos.

Me complacía saber que yo también despertaba cierta curiosidad ante las múltiples preguntas que me hacían muchos compañeros los primeros días, desde la típica: “¿Qué eres, biólogo o geólogo?” a otras que tenian más que ver con la posibilidad de hacer la tesis allí o cómo me había enterado de esta beca.

Cuando uno sabe lo que le gusta y sabe en qué quiere trabajar, lo tiene fácil: a darlo todo y a luchar para obtener ese puesto. Cuando uno más o menos sabe lo que le gusta pero ni se hace a la idea de donde quiere trabajar ni las posibilidades que ha ido tanteando le satisfacen, si quiere ser feliz no le queda otra que seguir buscando. Cuando uno no sabe lo que le gusta y no tiene ni idea de que hacer, y está a la espera de lo que venga, simplemente está jodido.Yo me reconozco entre los del segundo grupo, y en cierta manera admiro a los del primero por sus claridad de ideas y por su lucha para cumplir sus objetivos.  Sin embargo el segundo grupo ofrece multitud de retos y aventuras, y me guste o no, estoy metido hasta el cuello en él.

Cada vez voy teniendo más claro que mi lucha no tiene un objetivo claro como puede ser un determinado puesto de trabajo o una determinada profesión. El tiempo me está confirmando que mi lucha se centra en simplemente mantenerme en este camino. Cada vez más me doy cuenta que no me ilusiona tener un determinado trabajo o llegar a un determinado puesto, sino más bien disfrutar con el camino. Sólo así la inestabilidad pasa de ser una fuente de preocupaciones a ser el pilar de mis satisfacciones.

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