Etiquetas

Al fin, llegó el momento. La última nota fue subida al expediente, y con ese gesto quedó finiquitada esta licenciatura y con ello un período, quizás el más importante, de mi experiencia vital. Generalmente la gente que acaba una carrera afirma que es la mejor etapa por la que pasan y que al final acaba echándose mucho de menos. Yo probablemente coincida con estas opiniones, pues reconozco que mi paso por la universidad ha sido clave en mi vida, posibilitándome no sólo una salida profesional sino un enriquecimiento personal e intelectual a todos los niveles.

Recuerdo hace 5 años cuando comencé la carrera, cargado hasta las cejas de ilusiones y deseos por cumplir, y con ansias de mucho por demostrar ante lo que yo me tomé como una segunda oportunidad para el estudio. Me sentí muy cómodo en esta universidad, realizando incluso actividades deportivas o asignaturas de otras carreras por las tardes, y gran parte de culpa de esta sensación de bienestar fue un expediente extremadamente cuidado desde el primer curso ya que es imposible estar cómodo y disfrutando de todo lo que puede ofrecer la universidad si las notas no acompañan.

Una vez acabado se intenta ver la situación con perspectiva, y a pesar de llegar ya muy desgastado hasta el quinto año con probablemente ya todos los deseos cumplidos y con unas asignaturas que te das cuenta que son prácticamente incapaces de mostrar nada nuevo, es difícil acabar motivado y con entusiasmo, por supuesto con un entusiasmo que vaya más allá del suscitado por acabar satisfactoriamente esta etapa. Este sentimiento de agotamiento por parte de una carrera que ya no ofrece más y la sensación de falta de motivación general es compartida por todos mis compañeros: está claro que estos cinco años se han hecho largos.

Con las valoraciones finales uno se queda con sensaciones buenas y sensaciones malas, profesores que sé que estarán ahí para lo que necesite y los cuales han mostrado bastante interés por mi trayectoria universitaria y denotan ilusión y entusiasmo por mis perspectivas futuras, y otros (una minoría a mi juicio) los cuales no sólo no se han mostrado dispuestos a ayudar en lo necesario sino que considero que su actitud ha sido un obstáculo más allá de su propio proceso de evaluación.

No obstante esto no es lo generalizado, ya que me ha sorprendido muy gratamente la actitud completamente abierta, de ayuda y de buena predisposición de una gran cantidad de profesorado muy competente, tanto a nivel académico como a nivel personal. Quizás por ello uno se lleva un mayor palo cuando se encuentra a alguien que lejos de mostrar esas competencias, denota un criterio muy cuestionable y una actitud hostil ante cualquier consulta o acercamiento. Mas allá de valorar los criterios personales de evaluación de cada profesorado, lo cual sería quizás bastante interesante pero se saldría fuera de las valoraciones que quiero hacer aquí, resulta más preocupante la actitud que muestran cuando se les solicita o se habla personalmente con ellos, viéndose refrendado por los hechos o las justificaciones que en ocasiones han realizado ante estas situaciones.

Muchas quejas he conocido por parte de alumnado que no poniendo prácticamente nada de su parte, culpan de todos sus males al profesorado. Nada más lejos de la realidad, por propia experiencia afirmo que dándolo todo en cada asignatura, a la par que teniendo una actitud abierta y educada hacia la asignatura y hacia el profesor, recibes una predisposición totalmente abierta por parte del evaluador donde en ocasiones incluso sorprende la educación y cercanía que muestra hacia el alumnado. Por ello cuando no se encuentra esta disposición en algunos casos, me lleva a pensar que el problema está en la personalidad y la actitud, y no en el modo de evaluación en el que algunos docentes se escudan. A este efecto no son sólo importantes las palabras sino los hechos, donde la mayor parte de las veces se manifiestan las características antes mencionadas.

En suma, las valoraciones de esta etapa son muy amplias a la par que muy matizadas en numerosas cuestiones. Se ha acabado la licenciatura, aunque en mi caso aún no he acabado con mi etapa de estudiante. El futuro se abre a mis pies, ahora tan sólo hay que tener la valentía de recorrer el camino.

Advertisement