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Hace un rato estaba sentado en el sofá viendo una película sobre la cual tenía que hacer una crítica de carácter antropológico. Estaba ya acabando dicha película cuando de repente he empezado a ver relámpagos en la ventana, seguido de fuertes truenos. Se avecinaba una fuerte tormenta, así que he aprovechado para apagar la tele y venirme a la habitación a disfrutarla. Normalmente cuando empieza una tormenta la gente empieza a cerrar las ventanas y bajar las persianas, así que en medio de todo este ruido el único que subía del todo la persiana era yo: y es que no hay nada mejor que disfrutar de una buena tormenta sentado o tumbado al lado de la ventana.

A mucha gente les dan miedo, sin embargo a mi me producen verdadero asombro. Así que como tal, para disfrutar de ellas hay que contemplarlas y para ello no hay nada mejor que estar detrás de una ventana o tumbado en la cama tranquilamente.
La tormenta estaba realmente próxima, así que después de ver increíbles rayos desde muy cerca se me ha ocurrido cojer la cámara de fotos a ver si podía capturar alguno. Como observador de nubes que soy llevo años retratando todo tipo de nubes, sin embargo son muchas las tormentas que he visto pero ninguna la que he intentado capturar a través de mi pequeña cámara. Las nubes son muy cambiantes e inestables, pero cuando veo una de indudable belleza y tengo mi cámara a mano no cuesta nada sacarle una bonita captura. Con las tormentas resulta mucho más complicado, los rayos apenas duran décimas de segundo así que la dificultad que entraña poder capturarlos es máxima.

Así que me he puesto manos a la obra, cámara en mano y fijando el objetivo en dirección a la tormenta, sólo quedaba esperar. Me sentía como un francotirador con el dedo en el gatillo y el ojo en la mira telescópica, esperando que apareciera su víctima. El relámpago era la señal que advertía la aparición del rayo, así que era la señal para disparar. Después hay que comprobar si se ha tenido suerte y se ha capturado el rayo, algo bastante difícil por muchas causas. Primero, la tormenta suele abarcar una distancia amplia, por lo que el rayo tiene que pasar justo en la zona que estás enfocando y no otra. Segundo, cuando lo ves, por muy rápido que dispares será ya casi imposible capturarlo. Tercero, si cuando disparas coincide con el máximo esplendor del relámpago, la foto aparecerá excesivamente sobreexpuesta.

Tras muchos intentos, al final parece que ha habido algo de éxito. La tormenta no ha durado mucho, sin embargo el número de rayos sí que ha sido considerable. El botín ha sido el siguiente:

La verdad no está nada mal para ser mi primera vez retratando tormentas. Si a alguno os gusta especialmente este tipo de fenómenos atmosféricos, no dudéis en hacerlo. Por lo demás, hasta el momento mi experiencia con las nubes ha sido muy placentera, asi que posiblemente haya futuros post sobre ello. El mundo precisa de más observadores de nubes, así que arriba los cielos nubosos, abajo los aburridos y monótonos cielos azules despejados. ¡Lucharemos siempre contra la preferencia por los cielos azules!

En palabras de Pretor-Pinney, “nada en la naturaleza puede competir con la variedad y el dramatismo de las nubes; nada está a la altura de su belleza sublime y efímera”.

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